David empezó con todo, con el mismo ritmo que había terminado el partido ante Moya. Ganó los tres primeros puntos y se puso enseguida break point. Se llevó también el cuarto tanto del encuentro y 1-0. Sin despeinarse.
Pintaba para catarata de David. Pero Gaudio sacó a relucir su recientemente adquirida voluntad para lucharle a la adversidad. Y recuperó el quiebre.
La historia se repitió después, en un comienzo de partido realmente extraño. Volvió a quebrar Nalbandian. Volvió a devolver gentilezas el Gato.
¿Razones? Ninguno de los dos sacaba bien, con lo que las devoluciones volvían fuertes y esquinadas. Entonces, el dominio del punto quedaba desde el principio en manos de quien recibía. Y el resultado era lógico. Nadie mantenía su servicio.
El primero en romper la tendencia, el primero en lograr salir airoso de un juego de saque fue Gaudio, en el quinto game y no sin luchar y sudar. Lo cierto es que ese logro le permitió sacar una pequeña diferencia que luego, en el servicio de su rival, confirmó. Quebró y se fue 4-2.
A esa altura ya el público había podido disfrutar de varios largos rallies de peloteo, en los que el duelo de reveses deleitó a los presentes en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. El golpe a una mano de El Gato contra el de dos manos de David. Para divertirse.
Cada uno mantuvo de ahí en más su saque y fue así que Gaudio se llevó el primer set. Le alcanzó con ese quiebre más que su rival. Y cerró el parcial con una postal: Definió su primer set point con ese revés tan suelto que sabe mostrar. Fue paralelo e imparable. 6-3 entonces.
La segunda manga empezó de manera inversa a la primera. Fue también con quiebre. Pero esta vez para el Gato, que enseguida mantuvo su servicio y se puso 2-0.
Un nuevo quiebre y los caminos empezaron a despejarse para Gaudio, por virtudes propias y deficiencias de un Nalbandian que mostraba por esos momentos una versión mucho menos luminosa que la del viernes.
El pleito llegó a estar 4-0 para el Gato. Pero Gaudio es Gaudio. Y nada es tan simple con él. Con un Nalbandian en retroceso, se complicó solito. Erró un par de pelotas que no tenía que errar y David se despertó.
Le quebró en el sexto y octavo juegos, mantuvo su saque y dio vuelta un set que parecía irreversible. Se puso 5-4, Gaudio aguantó un rato más pero finalmente vio como se repetía una vez más una vieja sensación: La de tener un partido casi ganado y dejarlo escapar.
Nalbandian volvió a romperle el servicio en el décimo segundo game y se llevó el set 7-5 y el pase a la final, ya que con ganar una manga le bastaba, por el sistema de round robin con el que se juega este torneo exhibición.
Pero el match siguió. Y el tercer set fue el que tuvo un comienzo más normal. Los contrincantes lograron por una vez empezar tranquilos con sus saques.
Fue así hasta el 2-2, cuando Gaudio primero explotó, gritó un clásico "amargo, amargo, amargoooo!" para sí mismo, y después metió tres bolas bárbaras para lograr el quiebre.
Luego consiguió mantener la cabeza fría, jugó sólido el resto de los games y, ayudado por un Nalbandian que pareció empezar a cuidar el físico para la final, se llevó el encuentro. El set final fue 6-4.
domingo, 20 de diciembre de 2009
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